Nos pasamos un par de años postergando debates. O quizás más… el mundo podcast es tan de hablarse encima frente al mic, como de no conversar y discutir los temas de fondo por los que nos jugamos el laburo, la profesión, el futuro. Y ya es tarde.
Lo de y ahora están golpeando a mi puerta pasó hace raaato: golpearon la puerta, abrimos, entró el video como una locomotora, generó una carnicería generacional, quedaron los restos… Y seguimos viendo si vamos a fundar una cámara profesional o llegamos a fundar una academia.
Ojo, que no se malentienda: es mejor llegar tarde con un armado colectivo que no llegar nunca. Y celebro lo que están intentando en España (hablo del proyecto Academia del Audio, que nuclea a profesionales del audio digital—ojalá les vaya bien). Pero las excepciones son eso. Y de casos excepcionales no se hacen industrias sostenibles. Por eso Casciari no es ejemplo de nada, Luzu tampoco, y ni hablemos de fenómenos como el NY Times.
Intentemos llegar a algún lado, entonces: ¿Qué es un podcast hoy? Podemos ensayar respuestas con más o con menos actualidad, con más y menos naftalina, con más y menos vaguedad… Por mi parte, me tomo unas ocho a diez clases para desplegarlo en la Diplo —es un chiste, ocurre en el primer encuentro— o pocos varios minutos cuando converso con alguien que se entera a qué me dedico por primera vez. Y acá lo voy a decir tan brevemente que me da lástima: un programa en audio grabado, distribuido por vías digitales para consumo on demand. Pero la definición no incluye al video (si somos modernos o jóvenes), tampoco el tema del feed RSS (si somos de la vieja escuela o viejos) y los agregamos. Entonces: un programa en audio/video digital, grabado, y distribuido a través de canales/feeds para consumo a demanda. Por supuesto, a esta definición le faltan varias complejidades que podemos ir sumando (en la escalada que ya sabemos: todo en podcast es bien sintético o te cuento los detalles durante las próximas 2 horas y media y ojalá tengas tiempo).
Sobre la definición también estuvo pensando Emilio Cano, en su newsletter el pasado mes de febrero. Concuerdo con algunas de sus lecturas, disiento con otras. Lo importante es hacer el análisis, pensar el medio y compartir las preguntas. Es lo que estoy haciendo también en este (no tan breve) texto para iniciar la temporada 2026. Seguimos intentando definir qué es esto, cuando a casi nadie le interesa (inserte meme del abuelo Simpson gritando a una nube): millones de personas ven un video —que dice que es un podcast— en YouTube y son felices. Spotify intenta sumar video a los podcasts en su plataforma y le va bien. ¿Le va bien? Dicen que el total de podcasts en su plataforma anda por los 7 millones. Y que los podcasts en video son solamente 530.000. También andan por los 500.000 audiolibros. Netflix hace también acuerdos de exclusividad (que pueden no ser tan buenos, para sorpresa de nadie que sepa lo que pasa con Podimo y pasó con Spotify) para meter programación podcastera-televisiva. Esto es un despelote.
Y quizás los que tenemos el problema somos nosotros, las personas del audio. Porque la verdad que el video me importa muy poco. Este proyecto, mis clases, los profesionales que conozco y trabajan hace tiempo en esto (o se quedaron sin trabajo por este giro desmesurado de las inversiones, las plataformas y anunciantes, quizás de las audiencias o por un cambio de época—si lo supiera no estaría acá tipeando… y si alguien te dice que lo sabe te está mintiendo), todo mi mapa mental tiene que ver con el audio, con la escucha, con el sonido. Por eso vuelvo a insistir con algo que es vital: dejemos de usar podcast para definir lo que hacemos. La batalla no está perdida, la batalla es el pasado: nos liquidaron. Si en tu país no pegó, estás viviendo una alucinación (date cuenta). Alguna vez tiré que podíamos usar audiocast (intentando replicar **risas** el hecho fortuito de Ben Hammersley). Parece que la pésima idea también la vomité junto con otras hace poco más de un año. También fue parte del envío #100 de este newsletter, del primer episodio de La última trinchera del oído, etc. Un pesado.
Entonces reitero, insisto, ruego (!): un podcast es lo que cualquier persona crea que es un podcast, no podemos ir por la vida corriendo (!?) a cada transeúnte para agarrar sus solapas (??) y decirle que no tiene razón. Que en las clases pensamos si es otra cosa, que tal académico tiene un libro al respecto, que este boludo con newsletter anda rogando… Está perfecto, tenemos que cumplir nuestros roles culturales, pensar, trabajar, etc. No me volví loco, ni soy agorero ni exagerado. Ocurre nomás que hoy millones y millones de personas piensan que un podcast es lo que están viendo en YouTube, ese programa que subió Netflix o los setenta y dos trillones de reels que vieron esta mañana en el baño. Florece la industria del sillón, Røde y Shure se están bañando en guita, tu cerebro está demolido por los microcontenidos. Así que a las producciones en audio les tenemos que empezar a decir de otra manera y ofrecerle a las audiencias otras experiencias. Recién después de eso podemos empezar a ver si damos vuelta el resultado. Y pensar que algunas mentes fantasiosas llamaban a esta “la era de la audificación”… Otro paso necesario es dejar de vender humo. También es vital que paremos de comprarlo.
Lógicamente, porque para manija uno es manija y medio (ansiedad, insomnio, sobrepensar las cosas, sobreanalizar, sobredebatir: la vida), lo primero que pensé después de pensar esto es: me voy a tener que meter el nombre de mi proyecto en el… bolsillo. Escucha Podcast como nombre zafó hasta ahora por lo de la escucha pero quizás sus días estén contados. Habrá que joderse. ¿Qué le hace una mancha más al leopardo, si se lo están poniendo de bufanda?
Audiocast. Audiopod. O quizás Storycast y Chatcast como dijo Nuzum. O nombrar las cosas por formatos o géneros: documental sonoro, audioserie, daily, explicativo, true crime, etc. Lo que prefieran pero tenemos que empezar.
Lo de y ahora están golpeando a mi puerta pasó hace raaato: golpearon la puerta, abrimos, entró el video como una locomotora, generó una carnicería generacional, quedaron los restos… Y seguimos viendo si vamos a fundar una cámara profesional o llegamos a fundar una academia.
Ojo, que no se malentienda: es mejor llegar tarde con un armado colectivo que no llegar nunca. Y celebro lo que están intentando en España (hablo del proyecto Academia del Audio, que nuclea a profesionales del audio digital—ojalá les vaya bien). Pero las excepciones son eso. Y de casos excepcionales no se hacen industrias sostenibles. Por eso Casciari no es ejemplo de nada, Luzu tampoco, y ni hablemos de fenómenos como el NY Times.
Intentemos llegar a algún lado, entonces: ¿Qué es un podcast hoy? Podemos ensayar respuestas con más o con menos actualidad, con más y menos naftalina, con más y menos vaguedad… Por mi parte, me tomo unas ocho a diez clases para desplegarlo en la Diplo —es un chiste, ocurre en el primer encuentro— o pocos varios minutos cuando converso con alguien que se entera a qué me dedico por primera vez. Y acá lo voy a decir tan brevemente que me da lástima: un programa en audio grabado, distribuido por vías digitales para consumo on demand. Pero la definición no incluye al video (si somos modernos o jóvenes), tampoco el tema del feed RSS (si somos de la vieja escuela o viejos) y los agregamos. Entonces: un programa en audio/video digital, grabado, y distribuido a través de canales/feeds para consumo a demanda. Por supuesto, a esta definición le faltan varias complejidades que podemos ir sumando (en la escalada que ya sabemos: todo en podcast es bien sintético o te cuento los detalles durante las próximas 2 horas y media y ojalá tengas tiempo).
Sobre la definición también estuvo pensando Emilio Cano, en su newsletter el pasado mes de febrero. Concuerdo con algunas de sus lecturas, disiento con otras. Lo importante es hacer el análisis, pensar el medio y compartir las preguntas. Es lo que estoy haciendo también en este (no tan breve) texto para iniciar la temporada 2026. Seguimos intentando definir qué es esto, cuando a casi nadie le interesa (inserte meme del abuelo Simpson gritando a una nube): millones de personas ven un video —que dice que es un podcast— en YouTube y son felices. Spotify intenta sumar video a los podcasts en su plataforma y le va bien. ¿Le va bien? Dicen que el total de podcasts en su plataforma anda por los 7 millones. Y que los podcasts en video son solamente 530.000. También andan por los 500.000 audiolibros. Netflix hace también acuerdos de exclusividad (que pueden no ser tan buenos, para sorpresa de nadie que sepa lo que pasa con Podimo y pasó con Spotify) para meter programación podcastera-televisiva. Esto es un despelote.
Y quizás los que tenemos el problema somos nosotros, las personas del audio. Porque la verdad que el video me importa muy poco. Este proyecto, mis clases, los profesionales que conozco y trabajan hace tiempo en esto (o se quedaron sin trabajo por este giro desmesurado de las inversiones, las plataformas y anunciantes, quizás de las audiencias o por un cambio de época—si lo supiera no estaría acá tipeando… y si alguien te dice que lo sabe te está mintiendo), todo mi mapa mental tiene que ver con el audio, con la escucha, con el sonido. Por eso vuelvo a insistir con algo que es vital: dejemos de usar podcast para definir lo que hacemos. La batalla no está perdida, la batalla es el pasado: nos liquidaron. Si en tu país no pegó, estás viviendo una alucinación (date cuenta). Alguna vez tiré que podíamos usar audiocast (intentando replicar **risas** el hecho fortuito de Ben Hammersley). Parece que la pésima idea también la vomité junto con otras hace poco más de un año. También fue parte del envío #100 de este newsletter, del primer episodio de La última trinchera del oído, etc. Un pesado.
Entonces reitero, insisto, ruego (!): un podcast es lo que cualquier persona crea que es un podcast, no podemos ir por la vida corriendo (!?) a cada transeúnte para agarrar sus solapas (??) y decirle que no tiene razón. Que en las clases pensamos si es otra cosa, que tal académico tiene un libro al respecto, que este boludo con newsletter anda rogando… Está perfecto, tenemos que cumplir nuestros roles culturales, pensar, trabajar, etc. No me volví loco, ni soy agorero ni exagerado. Ocurre nomás que hoy millones y millones de personas piensan que un podcast es lo que están viendo en YouTube, ese programa que subió Netflix o los setenta y dos trillones de reels que vieron esta mañana en el baño. Florece la industria del sillón, Røde y Shure se están bañando en guita, tu cerebro está demolido por los microcontenidos. Así que a las producciones en audio les tenemos que empezar a decir de otra manera y ofrecerle a las audiencias otras experiencias. Recién después de eso podemos empezar a ver si damos vuelta el resultado. Y pensar que algunas mentes fantasiosas llamaban a esta “la era de la audificación”… Otro paso necesario es dejar de vender humo. También es vital que paremos de comprarlo.
Lógicamente, porque para manija uno es manija y medio (ansiedad, insomnio, sobrepensar las cosas, sobreanalizar, sobredebatir: la vida), lo primero que pensé después de pensar esto es: me voy a tener que meter el nombre de mi proyecto en el… bolsillo. Escucha Podcast como nombre zafó hasta ahora por lo de la escucha pero quizás sus días estén contados. Habrá que joderse. ¿Qué le hace una mancha más al leopardo, si se lo están poniendo de bufanda?
Audiocast. Audiopod. O quizás Storycast y Chatcast como dijo Nuzum. O nombrar las cosas por formatos o géneros: documental sonoro, audioserie, daily, explicativo, true crime, etc. Lo que prefieran pero tenemos que empezar.
✉ En este enlace podés suscribirte al newsletter Escucha Podcast para recibir novedades, enlaces de interés y recomendaciones de podcasts para escuchar, en tu correo.
✱ También me podés ayudar a sostener este proyecto: en esta sección de la web hay opciones para realizar donaciones en pesos, por única vez o mensuales, con Cafecito o Mercadopago. También opciones para aportar en euros y dólares con Ko-fi o Paypal. ¡Muchas gracias por apoyar el periodismo sobre podcast!
